San José recibe la misión de custodiar y proteger a María
y al bebé que lleva en sus entrañas.

En nuestra actualidad muchos erigen como criterios determinantes
para evaluar si una vida merece la pena ser vivida o no la salud, el
bienestar o la utilidad. Desde esta mentalidad, se plantea descartar
aquellas vidas que no cumplen con estos parámetros. Este descarte
de vidas humanas, que es deplorable en sí mismo, es aceptado por
muchos desde el paradigma emotivista que conduce a emitir juicios y
a tomar determinaciones, no desde la razón, que nos lleva a promover
el bien y adherirnos a la verdad, sino desde un puro sentimentalismo.

Una atenta mirada a nuestra sociedad nos lleva a descubrir el avance
de la cultura de la muerte, por la reciente proposición de Ley Orgánica                                                                                          de regulación de la eutanasia. Ante esta situación tenemos
que preguntarnos cuál debe ser nuestra respuesta como cristianos en
este momento histórico. Nos equivocaríamos si cayéramos en el derrotismo                                                                                al pensar que esto no tiene solución o que no hay marcha
atrás. También sería equivocado vivir con los brazos cruzados en un
constante espíritu de queja.

Como san José, ante esta cultura de la muerte, debemos ser custodios de la                                                                                vida porque, como afirmaba san Juan Pablo II, «la vida es siempre un bien».

La Iglesia, que es Madre, nos invita a tener esa valentía creativa en la
custodia y la defensa de la vida humana. Queremos agradecer a todas
aquellas personas que, movidas por su fe o por la solidaridad humana,                                                                                        desde el ámbito eclesial o civil, con valentía creativa, llevan a cabo
todo tipo de iniciativas para promover la cultura de la vida.

Gracias a los que acompañan a las mujeres embarazadas en situación de                                                                        vulnerabilidad que, de otro modo, se verían abocadas al aborto. Gracias
a los que cuidan con tanto cariño y generosidad a los mayores y a los
enfermos terminales, evitando así que sientan que son una molestia y
que se planteen la eutanasia como una salida.

Invitamos a todos los cristianos a cuidar la formación para estar
«dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una
razón de vuestra esperanza» (1 Pe 3, 15). Profundicemos en los motivos                                                                                      que nos llevan a ser custodios de la vida; motivos que provienen en muchos                                                                                casos, no solo de nuestra fe, sino también de la evidencia científica.
Esta invitación a instaurar la cultura del cuidado se dirige a todos y
cada uno de los cristianos y de las personas de buena voluntad.

Vivamos este compromiso por la vida en nuestro día a día, ofreciendo
nuestra ayuda eficaz a los que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

Acudamos a la intercesión de san José, custodio de la vida y patrono de la                                                                                  buena muerte, y de santa María, su Esposa y Madre de
Jesucristo, para que nos hagan apóstoles del Evangelio de la Vida.

 

Extractos de la Nota de los obispos de la Subcomisión
Episcopal para la Familia y la
Defensa de la Vida
Jornada por la Vida
25 de marzo de 2021

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